Se cierra hasta nuevo aviso

octubre 12, 2009

Otro receso más de Botellaenmano. Cuando vuelva les avisaré a los de siempre. Y ojo, que a todos los sigo leyendo bien seguido. Un Abrazo y Hasta Pronto.

Jozelo

PD: Quizás me de la huevá y mañana mismo escriba algo... en fin, creo que ya conocen un poco mi impulsividad.

A mi San Fernando Querido

septiembre 06, 2009

Es extraño ejercitar recordando los acontecimientos pasados. Siempre, por lo menos a mi, evoca una sensación agridulce; eso de que hay que rescatar todo lo bueno no corre conmigo. Me di el gusto de revisar cada una de las entradas de este blog referentes a mi pasado, a mi migración y el desarrollo de mi crítica, además de escarbar un poquito en mi memoria. Y me sorprendo cómo mi opinión respecto a aquello puede variar debido a coyunturas que para muchos pasan inadvertidas. Será que me cuesta mucho despegarme de lo cotidiano que lo mantengo siempre vivo, como una llamita que nunca se apaga. Y ahora, en estos momentos, considero que mi actuar en ese sentido es equívoco. Por esto, declaro:

La ausencia no es olvido, pero no estar presente agudiza el exilio. Amigos, lugares, cosas. Yo pensaba que cuando no estaba allí todo se quedaba estático; que los arcos de piedra se mantenían incólumes, que mi casa aún no estaba enrejada, que los más chicos nos miraban tocando guitarra, o haciendo fintas con la pelota. Que todos vivían donde mismo y volvían con su uniforme escolar roñoso. Que el timbre del colegio seguía sonando tan despacio que ni lo sentía, que los grafittis seguían adornando mi esquina. Que saludaba a todos los choferes de micro, o al menos a 2 personas por cuadra. Que el único panorama juvenil era un local pequeño con la música de moda. Y que el cine pasaba estrenos con meses de retraso. Que llegaba a cualquier parte caminando, y un silbido llamaba la atención de todos quienes entendían aquel lenguaje. Que no me daba miedo caminar a las 3 de la mañana, que me sorprendía cuando una casa cambiaba de color, y mejor aún: lo notaba. Que el domingo la plaza se llenaba, que mi mamá me llevaba a esos autitos que tanto me gustaban, y que a todos les gustaba. Donde se respetan los pasos de cebra y era topisimo tomarse un helado en algun local del centro. Donde por inercia conocías a un amigo o pariente de tal o cual, donde no hay tráfico de noche. Donde viví mi infancia y mi adolescencia, donde nací y me crié.

Toda esta fábula se me cayó, y me di cuenta que ya no pertenezco más a ese lugar, que todo siguió avanzado al igual que lo hice yo, que muchos se fueron y no volvieron jamás, que muchos me olvidaron, o yo de ellos me olvidé. Que todo había cambiado, y que la nostalgia y el remembranza es lo único rescatable. Que el pueblito seguía sumido en la rutina, y que yo ya no era parte de ella. Me fui, o él se fue de mi.

San Fernando de mi alma, testigo de mi crecimiento, he aquí uno de tus hijos, orgulloso de su tierra y de su pasado. Te dejo en manos del destino, te dejo para que sigas tu camino, tal como me dejaste partir tú. Mas de mi mente jamás te podré desenraizar, y juro por mi honor que algún día volveré a disfrutar de tu vida.

Hasta luego, mi San Fernando querido.

Colmenas Humanas

agosto 04, 2009

El otro día, tras decidir de que el Parque Almagro era un lugar demasiado custodiado por la fuerza pública para andar Botella en Mano, caminamos por Santa Isabel hacia el Parque Bustamante (cabe mencionar que después de un rato allí nos corretearon los amigos de seguridad ciudadana). Para variar, me fui fijando en las construcciones, en su arquitectura, en la fineza de las terminaciones y en la belleza del conjunto, es decir, de como se mezclan estas edificaciones con el entorno. Siempre me ha maravillado la Iglesia de Los Sacramentinos (esa que está al final del Almagro), realmente esplendorosa a mi parecer. Pero al seguir mi camino, ensució mi vista un montón de publicidad, y mientras avanzaba, se alzaban en montonera edificios de más de 20 pisos. La verdad es que me invadieron, tanto así que la calle llegaba a oscurecerse. Repetí este ejercicio por varios días; los lugares más hermosos de Santiago están opacados por estas colmenas humanas, por donde quiera que camine. Ni siquiera toman el resguardo de mantener la linea de un casco histórico, de un barrio tradicional... En algunos casos estas moles de cemento apocaban algún chalecito de mitad de siglo XX, rico en historia y belleza. A veces ni siquiera dejaban pasar un rayo de sol. Me dejó una pequeña gota de esperanza aquellas casitas antiguas cuyos dueños se rehusan a vender su historia, su pasado, su legado, su vida.
No niego que haya demanda, pero una cosa es construir por necesidad y lo otro es derechamente hacer los 'nichos' (si, parecen nichos mortuorios, más aún con todas esas rejas y protecciones) lo más pequeño posible para obtener mayor ganancia. Y lo que me colmó toda paciencia, fue ver como sobre un antiguo edificio del Banco Santander en General Mackenna se construyó un coloso forrado de vidrios: cuadrado, sin vida, sin esas curvas ni esa estampa de calle Nueva York, de lo poco que va quedando en Cumming, de Lastarria, de los monumentos desapercibidos del centro etc.
Y lo peor, pero lo peor de todo, es que yo vivo en una de esas colmenas... Otro punto más para buscar independencia.

El Futuro

julio 16, 2009

No es mi intención en esta oportunidad tratar de hacer algún análisis intenso sobre lo que significa el futuro, buscar su falencias o sus pros y todas esas pajas molidas. Sólo me quiero cuestionar algo indispensable, que tiene que ver más con los planes, con la visualización de éste. Todos nos ponemos metas, nos ponemos límites y cursos de acción, inevitablemente; pero, ¿Cuántas veces terminamos lo que decimos querer hacer realmente? No hablo de los objetivos generales de la gente en la actualidad (bueno, de la juventud y de los que me rodean): Estudiar y luego, tener un buen pasar. Hablo de lo cotidiano, de lo común. Es intersantísimo para mi ver como la gente que conozco se ahoga en su propio mar de dudas por insignificancias, como salir de tragos o darse una vuelta por un parque; como se maquina despidadamente lo que hacer en el dia, o en la semana. Les complica más encontrar qué ponerse, que discutir sobre política y el futuro del país, y del mundo. Lo que no me puedo responder es cómo hemos llegado a tener prioridades tan banales; creo que el problema está en esa misma esquematización, casi hermana del estereotipo (y de la mala educacion en su amplio sentido).

Me fui por otro lado (interesante) pero, ¿Cuántas veces terminamos lo que decimos querer hacer? Yo nunca termino de hacer lo que quiero, aunque lo esté haciendo. Es extraño. El problema no está en terminar, sino en que la mayoría no sabe lo que quiere, lo hace por imitación o por algo que quizás un psicólogo sepa.

Yo tampoco se lo que quiero: ¿Cómo podré terminar algo que no se?

5 Minutos

julio 09, 2009

El otro día estuve parado 5 minutos en el parquecito de al frente de mi casa mirando los árboles. Me percaté de un pajarito que estaba parado en una rama. Miraba para todos lados, asustado, como si buscara algo. Se paseaba de lado a lado en la ramita, y cantaba. Cantaba feo, no sé que pájaro era, no logré distinguirlo por su cantar. El árbol no tenía hojas, lo habían podado recién según me pude percatar. Estuve ahí, mirando al pajarito; había dejado mi lectura de lado por el plumífero.
Pestañeé y el ave ya no estaba. Pobre pajarito dije, como me dice mi abuela cuando le cuento alguna maldad. Pero el pajarito no había hecho nada. Creo que me sentí indentificado con el pájaro, hacemos cosas parecidas: volamos, andamos buscando lo que los demás no saben, y nos vamos sin despedirnos. Fueron 5 minutos, los mismo que me demoré en escribir éstas letras.